"Las constricciones que impone a los análisis posibles la técnica del trabajo de campo y en concreto el rol de investigador participante son lo último en ser decubierto como verdadera condición o presupuesto metodológico. En tal medida, la caracterización de la observación participante no debe ser tenida en cuenta como "el menor de los males posibles" cuando pretendemos acercarnos al interior de un grupo humano o sistema social" (Delgado, 1999)
El hecho de ser aceptada dentro de una metodología no clásica (en el sentido positivista), básicamente descriptiva, ha permitido que exista la tendencia a considerar la Etnografía como sinónimo de trabajo informal, libre de fundamentos y de enlaces teóricos, carente de experimentación y de cuantificación e incluso generadora de informes más cercanos a la riqueza y belleza literaria que a la construcción de conocimiento. La defensa que se hace sobre este tema tiene que ver con la idea de que no sólo se trata de describir el escenario o el ambiente, implica también reconstruir la historia, costumbres, lenguaje, en un ambiente de interacción social natural. Lo que daría mucho mayor alcance a esta metodología. Si superamos la idea de que la investigación etnográfica es básicamente una labor descriptiva y que no busca sólo describir una cultura o algún aspecto de una o más culturas en una organización, podemos inferir entonces que la Etnografía contempla mucho más que la descripción, incluye también la comprensión e interpretación de fenómenos hasta llegar a teorizaciones sobre los mismos (algunos metodólogos hacen una división entre “etnografía” y “etnología” dejándole a la primera la recolección de datos y a la segunda la formulación de hipótesis) .
Delgado, J., Gutiérrez, J. (1999) Métodos y técnicas cualiativas de investigación en ciencias sociales (3a ed.). Madrid. Síntesis Ed.

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